Quien tiene un pueblo, tiene un tesoro.

 

Muchas veces había oído la frase, “Quien tiene un pueblo tiene un tesoro“, y nunca me había parado a reflexionar sobre ella hasta que el otro día me ocurrió algo con mi peque que quiero compartir con vosotros.

Iba en el autobús camino de Madrid Río con mi hijo y varios de sus amigos, cuando escuche sorprendida esta conversación.

Mi hijo: “¿A donde vais a ir estas vacaciones?”

Su amigo: “Yo me voy a Tailandia con toda mi familia”

A lo que mi hijo respondió henchido de felicidad: “Pues yo me voy a mi pueblo, ¡Que mola mucho!”

“¿Y por que mola tanto tu pueblo?” – le pregunto un tanto mosqueado su amigo. 

Contestación rotunda de mi peque : “Pues porque puedo hacer lo que me de la gana“.

No pude menos que pararme a pensar. Si a mi, en las mismas circunstancias, una amiga me hubiera dicho que se iba de vacaciones a la otra parte del planeta me hubiera dado mucha envidia, ni sana ni nada, envidia con todas las letras. En cambio mi hijo irradiaba felicidad por todos sus poros ante su superplan vacacional, una semana entera en el pueblo.

En ese momento intente ver la vida a través de los ojos de un niño de diez años que vive en una gran ciudad y eureka ahí estaba la clave, el había dicho: “Porque puedo hacer lo que me de la gana” o lo que es lo mismo “porque tengo LIBERTAD”.

Por eso y, no por otra cosa, el pueblo es genial, en ningún otro sitio puede experimentar mi hijo como allí esa sensación de ser dueño de su tiempo.

 Mi pueblo

Y es que cuando estamos allí, hay solo dos reglas que tiene que cumplir, una vez claro está que ha cumplido con las tareas que tiene asignadas.

La primera es volver a casa a la hora que se le diga, lo que implica que no le veamos el pelo mas que a la hora de la comidas y cuando necesita algo. Y la segunda es no salir nunca del pueblo sin avisarnos ni irse solo por los caminos.

A partir de hay todo vale, nadie le supervisa, ni le dice donde tiene que ir, ni que tiene que hacer, es libre de hacer con su tiempo lo que quiera.

Si quiere invertirlo en hacer algo, bien y si no quiere hacer nada, pues también. Puedo aseguraros que no es el caso, he asistido a la creación de todo tipo de proyectos nacidos desde la libertad y el aburrimiento. Desde la publicación de un periódico, pasando por una perfumería, hasta la grabación de una película.

Que viaje, que taller, que museo, que excursión puede ofrecerle algo tan barato y tan difícil de obtener para él durante el resto del tiempo, pues seamos sinceros, ninguno.

Así ,que si, que efectivamente para mi hijo su pueblo es su gran tesoro. O mejor dicho es su isla del tesoro que puede explorar cada día libremente sobre su bicicleta acompañado por sus amigos “de toda la vida”.

Aunque aquí, entre nosotros, a mi no me hubiera importado irme de vacaciones familiares a Tailandia.

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